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Feel the black sound

Myles Sanko en The luxe (Spitafield, Londres) “La música es el lenguaje del alma, y Myles habló alto y claro”

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Hasta la semana pasada, nunca habíamos tenido la oportunidad de asistir a un concierto de Myles Sanko. Siendo sinceros, era la primera vez que escuchábamos de manera analítica el trabajo del cantante y compositor de soul asentado en Londres.

Con el fin de estar preparados habíamos realizado un extenso y placentero trabajo de campo. Una búsqueda en multitud de páginas web y artículos nos había permitido sumergirnos profundamente en su música, a la vez que aportaba luz a nuestra ignorancia. La recompensa fue mucho más placentera de lo que en principio habíamos esperado.

Myles creció como un amante de la música, de hecho, se define a sí mismo como el “lovechild of soul music”.

Su innata inquietud y su don natural en cuanto al musical se refiere, le hicieron buscar más allá. Su carrera musical tuvo sus comienzos en nightclubs, en donde su voz comenzaba a despertar en forma de rap de la mano de famosos discjockeys. Tras estos primeros pasos, afrontó una carrera al frente de bandas tan populares como Bijoumiyo o Speedometer.

Las raíces de la música de Myles se nutren de la herencia dejada por grandes leyendas del soul, como Bill Withers, Otis Redding, Al Green y James Brown

(destacar su asociación musical con Martha High, colaboradora a su vez de Brown durante más de treinta años, y a la que acompañó en su gira).

Su propia concepción o forma de entender la música se ve influenciada por corrientes provenientes del funk y del jazz, tal y como se deja plasmar en su EP debut “Born In Black & White”, disponible online en la página web del artista.

La pequeña sala de concierto/bar en la planta sótano de The luxe (Spitafield) sirvió a la perfección como escenario en el que conseguir una relación directa con el público asistente que Miles trató de alcanzar en todo momento.

No más de cincuenta seguidores, una cálida iluminación, y una cautivadora atmósfera contribuyeron a crear una inolvidable puesta en escena. Desde mi humilde punto de vista, una maravillosa experiencia con un valor muy superior a los cinco pounds que costaba la entrada, irrisorios si se tiene en cuenta lo que la voz de Miles nos dio a cambio.

La noche comenzó con una interesante Dj’s session que sirvió de aperitivo y calentamiento a base de ritmos provenientes del jazz, blues, afro beats y obviamente soul.

Con puntualidad, no británica puesto que es un tópico erróneo del que podría escribir largo y tendido, el quinteto se situó en el espacio destinado a escenario.

La música es el lenguaje del alma, y Myles habló alto y claro,

como sólo una voz negra es capaz de hacer (con el permiso de Michael McDonald, Daryl Hall, John Oates  y, como no, Van Morrison).

Alimentó nuestros espíritus durante unos intensos y vibrantes ochenta minutos. Nos ofreció un agradable e íntimo viaje a través de los sentimientos humanos convertidos en música.

La primera canción “High On You” sació el hambre de los fans, seguida de “So Hard To Stop”. Para apaciguar su trepidante arranque el siguiente tema “Distant From You” demostraba que en su voz tiene cabida diversos tipos de registro.  En su repertorio incluyó los temas de su EP, así como renombrados éxitos del soul como “Sitting on the dock of the bay” de Otis Redding.

La voz clara se unía a la armonía desplegada por los cuatro componentes de su banda, logrando mantener un diálogo musical de ritmo muy acertado  en el que se alternaron frenéticos temas con otros de ritmo más pausado.

La selección y orden de los temas, brindó así la oportunidad de tomar un respiro, tanto a la propia banda como a los entregados seguidores.

El tiempo pasaba veloz, y a medida que el final se acercaba, la relación entre Myles y los fans se intensificaba.

La barrera psicológica entre cantante y público (ya tenue durante el resto del concierto) desaparición por completo cuando Myles compartió micrófono con algunos de los asistentes, quienes se atrevieron a gritar “Mamma” al ritmo desgarrado del acorde de guitarra.

Dos canciones nos quedaban antes de que el espectáculo llegase a su fin. Con la penúltima canción, una versión remix de “So Hard To Stop”, fue con la que el artista pidió el reconocimiento para cada uno de los miembros de su banda: “Put your hands together” fueron las palabras utilizadas a la hora de solicitar el aplauso para los miembros de la banda.

El público palmeó sin dudar. Como se esperaba, cada uno de los músicos deleitó a los fans con un par de minutos de virtuosismo. Impresionante el solo de teclado. “Goodbye Lady Goodbye” fue la canción de despedida y cierre.

Se había acabado, y Myles había dado lo mejor de sí mismo, como lo demostraba su camisa empapada.

En un último gesto de generosidad, después de que las notas hubiesen expirado, Myles no sólo no se desvaneció como suele ser habitual, sino que se detuvo a conversar con alguno de los testigos de su gran actuación, recogiendo su opinión acerca de la misma (de paso aumentando las ventas de su EP).

Pi&Vi. Londres

Autor: Esperanzamar

La música une, es universal, da igual el idioma que hables o si ni siquiera dices una palabra. Hay veces que ha dado igual si te has quedado sordo incluso, se puede sentir, te hace estremecer, saltar, gritar... la vida es mas interesante con ella y por eso deberia ser de libre circulacion. Aqui pongo mi granito de arena

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